El dolor de tu ausencia,
aunque recurrente,
dejó de ser dañino.
He hecho lo mejor que puedo
para lograr revocar mi odio,
hago lo mejor que puedo
y con ello maduro.
Tu ausencia pesa, pero
más pesaría con orgullo,
amo lo que soy sin ti, y comienzo
a amar lo que sin mi eres,
no creo que pueda llamarle
resignación,
sería atribuirme demasiado.
Escrito por Alma Leticia Pérez Castañeda.
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